El Museo del Leñador

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Cuando adquirimos el terreno de Aldea Nevada allá por el año 1989, 7 hectáreas de bosque, sabíamos por haberlo recorrido, que aquello tenía un encanto, una magia...

Entre la enmarañada vegetación, encontramos un sendero donde se abrían las plantas para invitarnos a entrar. Estaba caminado, tenía presencia humana en cada pasto aplastado. Se perdía en el bosque buscando llegar a su corazón. Lo rodeaban orquídeas, árboles caprichosos queriendo destacarse por su porte, por su forma. Luego supimos que aquello era la antigua “picada” por donde entraban los leñadores a buscar el alimento del fuego para llevar calor a los hogares de Ushuaia. Y como nada es casual, nosotros tampoco estábamos ajenos a esa historia porque venimos de provincia y hogares madereros. Desde la profesión pusimos en valor a la madera, primero la conocimos, la tocamos, la olimos, para luego trabajar con ella haciendo casas, muebles, pequeñas cosas. Siempre sentimos que debíamos rendir un homenaje al árbol por todo lo que nos proporciona.

Por ello, contratamos a un artesano que nos diseñó dos esculturas de aproximadamente 6 mts. de altura trabajadas sobre troncos antiguos. Además construimos “El Museo del Leñador” con un nuevo concepto, donde todos pueden acceder a ver, apreciar y tocar las herramientas y todo aquello que necesita el hombre que se interna en el bosque, como la salamandra donde calentarse.

El Museo es la puerta de entrada al sendero de los leñadores, indicado con cintas adheridas a los árboles y acompañado de paneles donde se va contando la historia de Tierra del Fuego y sus leñadores. Sobre el sendero hay una glorieta donde los huéspedes pueden quedarse a escuchar los sonidos del silencio interrumpido por un pájaro carpintero que se adueñó del lugar.

Todo esto que sentimos desde el primer día que nos adentramos en el bosque de Aldea Nevada queremos compartirlo con los que nos visitan y sabemos que lo que ofrecemos es único; es dar la posibilidad de amalgamar en una experiencia la naturaleza, la historia, y el ser humano como individuo capaz de percibir algo tan bello como vivir en armonía.